jueves, 20 de septiembre de 2012

La lluvia que no existe

Tantos poemas, canciones y relatos sobre lo bella, triste, nostálgica y melancólica puede llegar a ser la lluvia. Tantos autores trillaron lo natural hasta extrañarlo que ya no me queda nada útil por decir. 
Solo resta retratar a ese hombre que, en algún rincón de alguna localidad perdida del conurbano, se reclina en el umbral de su casa a ver caer la lluvia, abstrayéndose hasta enrarecerla, como un niño de asombros y novedades. 
Será que el tiempo es más tiempo medido en nubes y luces. Será que la calle escupe cuerpos que corren guarecidos. Será las olas de los autos y las lauchas de la medianera. Qué será de todo si nunca antes lo observamos. 
Y qué será de los mundos que nunca creamos por no percibirlos.
Se enciende un cigarro gris, se mece sobre la silla y respira profundo para oler que ya no huele nada. Llegué tarde a esto también, piensa. Ya es tarde para retroceder calzando excusas. Es que el tipo creció ahí, en el olor a perro sucio que deja la lluvia cuando se va, entre las gotas oxidadas que se escurren en los rostros y las habitaciones minadas de tachos que rebalsan de madrugada. Y él sabe bien que quien se anima a soñar sobre colchones mojados que apestan rancio, sueña lindo pero no recuerda. 

domingo, 9 de septiembre de 2012

Equilibrista


Te escribiría una canción si juraras que mi música es un espanto. Una canción sin estribillo, de esas que cuentan historias bonitas y terminan repitiendo la primera estrofa. O intentaría dejarte unas palabras en algún rincón si ya no los hurgaras. Podría también explicarte cuánto te sigo cuidando si no quisieras oírlo. O describirte maravillosa si no significara nada.
Y dejar esta estupidez de protegerte que ya no me sale porque esta calle es cruel si la cruzas de mi mano. Y mostrar quién desanda a mi lado sin que te importe. Y dejar estos malabares de equilibrista errante para que veas que nunca pude con tres naranjas.

lunes, 27 de agosto de 2012

Expectativas



Nunca vistas de azul al príncipe gris.





Otro lunes que amanece este letargo entre sábanas que hace rato sobran de costados. No sé si leo el diario o recuerdo las noticias de memoria mientras desayuno el primer cigarro que acaba con mi garganta y me deja esa molestia necesaria en el paladar. Le saco la batería al celular, de la misma manera que esa tía que no veía nunca dejó de enviarme el sobrecito con guita para mi cumpleaños. Intento que el agua fría aliviane mis parpados y me mojo la cabeza como si hubiera gente viviendo por ahí. Amanecido medito cada movimiento y pocas veces suelo despertar.
No sé por dónde empezar a pensar y eso me ocurre bastante seguido, es que mi mente suele ser un desierto plagado de oasis y espejismos y yo un viajero ocasional. Entonces, con los ojos en claustro de fotofobia, no hago más que salir al parque a respirar ese sol que abunda por los barrios bajos y a desenmarañar de prepo cada segundo, cada instante. Paso por paso, mi vida no es más que un cumulo de escenas que resuelvo de improviso y donde cada movimiento desencadena un reflejo instantáneo que construyo sin manuales. Algunas veces esta habilidad suele ser torpeza. Es que no hay proyecto más ambicioso que cerrar un capítulo y, generalmente, sucede sin que lo note. Así es como cada línea que escribo sobre cada uno de esos segundos no puede ser otra cosa que un garabato amorfo y sin pulso que resulta un párrafo incomprensible que rara vez releo. No sé cómo hacen, cómo pueden vivir proyectando vidas y años, cómo eligen el color del muro sin asegurarse un ladrillo, sin saber si llegará a muro. Entonces pienso en el final del día y me da vértigo. Y este minuto, adrenalina. No pienso en los costos, no me aseguro más que lo necesario. Es que hay un mundo de expectativas que nos plaga de frustraciones y ahí, en ese mundo, prefiero vivir al contado y permitir que cada escena me sorprenda. Sin imaginar cómo sería, sin proyectar más que los días, sin exigir más que lo ofrecido, ni asumir más que lo entregado, me cargo esta valija al hombro sin esperar al hada madrina y con la certeza de que nadie debería vestir de azul a príncipe gris.


domingo, 26 de agosto de 2012

La Cosa




La Cosa lo miraba, cínica y estéril. Y de pronto ese pibe sentado, que hamacaba sus piecitos en el banco de la vieja estación de Santos Lugares, volvía a ser yo. Con esos zapatitos de cuero marrón, un jardinero de jean, pelo largo y remera a rayas, mirada extrañada que contempla ese infinito mundo adulto de viajes a ningún lado que emprenden frustradas persecuciones al tiempo y una libretita de oraciones a escondidas de la infancia dentro de los calzones.
Ese pibito, que no hace más que balancearse sobre el banco de la estación hasta que rechinen las tuercas, volvía a esperar a mi madre que vuelva de la fábrica. Volvía a recordar paso por paso que hizo durante el día para contárselo sin pausa cuando por fin llegara. Volvía a caminar de la mano.
Y respiré profundo, como si fuera la última bocanada, y trepé de un salto el alambrado de los terrenos abandonados del ferrocarril y volví a tirarle piedras a la ventana del rengo de la otra cuadra. A oler con matices, a recordar sin esfuerzo, a saberme inmune. Volví tras los pasos que soñé y nunca di. A sentarme al piano de La Primavera para Lucía.
“En el paraíso somos todos niños”, me dijo Don Ernesto alguna vez, mientras paseaba a su ovejero y no mentía ¿Cuántos de ustedes recuerdan con exactitud el momento preciso en el que perdieron por completo la inocencia?
Ahora que este insomnio me escupe la verdad a la cara, justo debajo de los ojos. Ahora que pagué al contado tantos días en cuotas, ahora que esta asfixia se reserva el derecho de admisión y que puedo tallar un calendario en mi espalda: ahora ya sé que La Cosa suele ser abstracta. Pero mierda que para el tiempo la vida no vale un carajo.

domingo, 29 de julio de 2012

Buscar encontrar perder.


A veces solo me recuesto sobre la silla que esta frente a mi escritorio, enciendo un cigarrillo y observo las figuras que deja el humo en este espacio que cree para mí. No sé bien donde van mis pensamientos pero esta mirada no hace interpretación alguna de lo que me rodea y ese pequeño todo podrían ser figuras hechas de sombras y luces o no ser nada y causaría exactamente el mismo efecto. 
Lo más irónico quizás sea que finalmente alguien ande en busca de perder el tiempo -paradojas si las hay- pero de todas formas esta habitación está repleta de cosas perdidas y no me basta con sacarme el día de encima si no hay un despojo total del contexto y allí, lo más costoso, es el tiempo. 
Y en esa quietud puedo ver algunas cosas. Puedo, por ejemplo, dejar que esta mala memoria, que tanto defiendo, falle y algún recuerdo vencido gane la partida y astille el silencio. Entonces ahogo un par de hielos y los agito hasta desaparecerlos. Y así, sin más, se van. Porque nada bueno llega hasta el fondo del vaso.


martes, 3 de julio de 2012

Días vencidos


No tengo más que un puñadito de días vencidos, recuerdos vagos que pueden robarte una mueca de complicidad. Una deuda en cuotas de orgullos que rompí al contado con la usurera tasa variable de la soledad. Algunos ratos de lucidez pasajera y un par de buenas mentiras anticorrosivas en el óxido de tu cultura. También sorpresas trilladas que esconden algunos antojos y otros tantos caprichos o una voz sigilosa repitiendo cuentos de terror que no hablan más que de mis desvelos o este par de ojos cansados que hacen foco con poco interés. Y tengo tardes que pernoctan y noches que amanecen. Y un olvido imperdonable para cada detalle. Y una torpeza envidiable que se burla a sí misma. 

Y mil razones más para olvidarte hoy como todos los días.



viernes, 20 de abril de 2012

La noche, cruel adjetivo.

Las horas se nos escurren, ya perdimos esa cuenta también. Y ahora resulta que de tanto enfadarnos con las buenas nuevas, el Diablo nos soltó la mano otra vez. Diablo, tan viejo y trillado, vos sí que sabes que esas noches no deberían sucedernos. Y digo “noche” como si fuera un adjetivo capaz de describirlo todo. Y digo “todo” como si no fuese nada en realidad.
Nos enseñaste la cruel mueca de la felicidad, nos mostraste en una eternidad lo que nunca dura nada. Nos reímos viscerales risas hasta dolernos.
Y el después, que nunca nos invitó a nada, te apretó hasta sangrar. Ahí quedamos. Ahí, todavía hoy, quedé. Sumido en el más profundo aburrimiento con lo atroz de los espejos.
Deberíamos releer la letra chica de ese contrato que firmamos a las apuradas con el destino y escupirle la geta a los abogados que reían sordas carcajadas ese minuto que casi lo cambia todo. Y vuelvo a decir “todo” como si no fuese nada en realidad. Pero lo es todo.

Acá queda el secreto. Muy a mi pesar, nadie sabrá nunca que hasta Adán volvería a morder la manzana por verte respirar como solías.



miércoles, 14 de marzo de 2012

Los muertos que no he matado

Me voy liándole el cigarro de la nostalgia, ese que nunca pitará, a la confianza austera que poco a poco me ve yacer a sus pies. A sus pies, cegado, maldito, atormentado, aletargado en el más cruel de los éxtasis, me rindo para no oír lo que nunca se pudo pronunciar.
Estos puntos suspensivos no me matan.  Este espejismo que en mí acerca he descubierto me desvela entre sueños por beber de su oasis trillado. 
Me voy buscándole la trampa a este juego que no juego, bailando en soledad la milonga de las caricias que no he acariciado, de las almas en pena, de los ojos de los muertos que no he matado. 



jueves, 8 de marzo de 2012

Feliz día, mujeres.

No me arrepiento de nada. Gioconda Belli.

No me arrepiento de nada Desde la mujer que soy, a veces me da por contemplar aquellas que pude haber sido; las mujeres primorosas, hacendosas, buenas esposas, dechado de virtudes, que deseara mi madre. No sé por qué la vida entera he pasado rebelándome contra ellas. Odio sus amenazas en mi cuerpo. La culpa que sus vidas impecables, por extraño maleficio, me inspiran. Reniego de sus buenos oficios; de los llantos a escondidas del esposo, del pudor de su desnudez bajo la planchada y almidonada ropa interior.

Estas mujeres, sin embargo, me miran desde el interior de los espejos, levantan su dedo acusador y, a veces, cedo a sus miradas de reproche y quiero ganarme la aceptación universal, ser la "niña buena", la "mujer decente" la Gioconda irreprochable. Sacarme diez en conducta con el partido, el estado, las amistades, mi familia, mis hijos y todos los demás seres que abundantes pueblan este mundo nuestro.

En esta contradicción inevitable entre lo que debió haber sido y lo que es, he librado numerosas batallas mortales, batallas a mordiscos de ellas contra mí -ellas habitando en mí queriendo ser yo misma- transgrediendo maternos mandamientos, desgarro adolorida y a trompicones a las mujeres internas que, desde la infancia, me retuercen los ojos porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños, porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable, que se enamora como alma en pena de causas justas, hombres hermosos, y palabras juguetonas. Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada, e hice el amor sobre escritorios -en horas de oficina- y rompí lazos inviolables y me atreví a gozar el cuerpo sano y sinuoso con que los genes de todos mis ancestros me dotaron.

No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones. No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf. Pero en los pozos oscuros en que me hundo, cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos, siento las lágrimas pujando; veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo, blandiendo condenas contra mi felicidad. Impertérritas niñas buenas me circundan y danzan sus canciones infantiles contra mí contra esta mujer hecha y derecha, plena.

Esta mujer de pechos en pecho y caderas anchas que, por mi madre y contra ella, me gusta ser.

Ruleta Rusa


En un rato sale el sol, los dos bien lo sabemos. Pinta de perdedores y extraños. Malandras de baño de estación. Con una mirada relativa y oscura, estos cantores de gargantas corroídas, escritores de esos burdeles a los que nunca iríamos, tiranos y amables, se pierden hasta en el último rayo de luna. Artistas del submundo, perfectos suicidas de los días vencidos. Vos y yo, sabemos los costos. Sabemos muy bien que es eso de la frustración, de la imaginación rebalsando por nuestros oídos aturdidos, de las nostalgias del futuro, de que nunca llegue la estación de la siembra.

Y acá estamos, sumidos en la creación de nuestros antagónicos mundos, con cadavéricas botellas sobre la mesa plagada de los restos de nuestras mejores noches. Un gato lamiéndonos las horas, arañándonos los intentos.

Siempre la pasamos bien. Hasta los silencios nos sonríen. Nada puede salir mal cuando el único desafío es nuestra mala compañía. Y el "haz lo que puedas" da vueltas por la habitación, nos mira, nos seduce. También las muecas de los cuerpos que a veces duelen y los ecos de las burlas a lo inevitable, al deber ser. Nunca un "mirá, qué bien andas" ni una sonrisa de la vieja de las compras, ni un guiño de las camisitas planchadas, ni un te fío en el mercadito de la vuelta. Pero nos reímos, nos reímos mucho de eso también.

Y finalmente entran como putas el sol y la campana del tren de la madrugada a tu casa batallada. Y ahí seguimos: tirados, extrañados. Riffeando algún firuelete eterno, repasando sobre pasado las mejores músicas.
Y en ese absurdo interminable, y en ese tiro de suerte que nos vomitó esta ruleta rusa, y ahí… ahí soy ciego también.  

martes, 28 de febrero de 2012

Bicicletas con rueditas.

                                                                                  "por los rostros de los rostros de los rostros, amén"



En las antípodas de mi siendo encuentro seres completamente ajenos que me seducen al ridículo, me invitan al sarcasmo más burdo, a la pelea estéril. Los veo lamiéndose el culo vano entre si, sirviéndose de nuestros cigarros las pitadas más caras, musicalizando en orquesta como momias de yeso hueco los compases más absurdos mientras desde las tablas los aplauden los distraídos, los pocopeadores. Ya sea en el sigilo mas adormecedor o en el vocifero de los versos más trillados, se engalanan con nuestras creces las medallas que nosotros sin querer les colgamos porque a nosotros nos pertenecen. Rien risas de cabaret, viven vidas prestadas, comen sobre comido lo que no comen los demás, mienten sin gestos, huyen como lauchas con la cola entre los dientes. Nos dan palmaditas enemigas.
Y al otro lado de esta habitación infesta estamos los que dolemos dolores que nunca sentimos, vivimos como podemos sin tiempo para desandar el camino ajeno, los juzgados y prejuzgados y golpeados y subestimados. Los nunca peones de los peones de turno. Los buscadores que nunca encuentran. Los jodidos que no joden. Los realmente molestos. Los que aturden el juego con ruidos molestos. Los inconformistas errantes que a duras penas conforman por necesidad. Los que aprendieron el silencio torpe en la escuela de la amargura y gritan cloacales gritos como diamantes en bruto. Los nuncasalvesequienpueda. Los de la bici sin rueditas.

    

sábado, 25 de febrero de 2012

Renaceres



Renacerse erguido entre las gentes de mi pueblo, como  blasfemo, irreverente y semejante. Emergerse la huella latente en mi tierra dolida, que marca cada zancada como si fuera la última. Mirarse en cada rostro perdido, endurecido, desganado, cosechar las ilusiones que ni en espejismos se imaginaron.
Y soñarse como nunca, otra vez, entre tus manos.
Tomaremos a tiempo el destino prohibido que ya nos pertenece. Como nos pertenecen los sueños que nos animaste a soñar. Y serás en cada antonimia del pasado lúgubre que sobrevivía en estos tiempos y en cada despertar nuevo de este coraje que respira profundo en la orejas del traidor. Serás una vez más para nosotros, los desubicados de siempre, los de la vereda de enfrente, los locos, los perseguidos, los hediondos. Serás por ayeres y siempres nuestro compañero, Néstor.


domingo, 12 de febrero de 2012

¿Qué más dar?

Caen las aguas vencidas, con total inercia, en busca de la gravedad. Se sumergen en sueños de fango sobre las yerbas sin polvo. Se fusionan de mezclas rancias. Se abusan, embebidas, de su dulzura matinal.

La coreografía es perfecta. Su futuro, un mientras tanto indefinido.

Aguantando las respiraciones por segundos eternos, con la voluntad única de despertar impulsos, te vas succionando sus vertientes por los tiempos. Lamiendo, como heridas, las gotas perdidas que se estremecen entre tus dedos.

Hoy busqué las cenizas de las brasas que ardieron pecaminosas, la noche que hervimos un pifie mientras bailamos a destiempo los rocanroles de la cornisa.

Y te vas, como yo me fui tantas veces, huyendo de los buenos tiempos. Te vas a cebar unos recuerdos amargos, hasta que se laven de berretines, en el parque del "¿qué más da?"

miércoles, 8 de febrero de 2012

Este es el tiempo

Alguna vez tuitié que quizás el Time Line de Twitter era como una cinta transportadora y nuestros tuits volverían en algún momento. Pero hoy pensé en aquella frase: “cuanta fantasía necesitamos para aguantar tanta realidad” Hay tuits que no vuelven y así son las cosas. Los tiempos que nos corren son paradójicamente iguales en la mal llamada Vida Real. Esta línea continua es finita y nada vuelve.  

No soy religioso, nunca lo fui. Veo a las religiones como grandes metáforas nunca entendidas (si, soy soberbio) y, bajo mi concepción, los cielos y los infiernos están en el imaginario colectivo. Es así que las buenas energías que contagiamos en vida nos inmortalizan en recuerdos positivos, en lágrimas de amor, en abrazos y compañías, cuando ya no estamos. Para los espíritus genuinos hay una revancha: el tiempo borra los malos recuerdos. Si eso no es el paraíso, no sé que mas esperar.

Y mierda si se nos fue un ángel, entonces.


lunes, 30 de enero de 2012

Existencias



No existe pozo mas profundo que el que cava uno mismo
ni mayor pesadumbre que la soledad
pues no hay tormento más grande que el egoísmo
ni mayor flaqueza que la infelicidad.

Sentir y no gozar y el ya no sentir
y un impulso débil del inconsciente
que nos mantiene ausentes pero acá.

...Aun peor vivir esquivo y solo anhelar
o tenerlo en las manos y no poderlo manejar
porque entonces hubo un sueño que despertó
y como arena entre los dedos se derramó...

La piba de las fotos.

Una mochilita cargada de equipaje rancio, la pibita se ahoga para no oxigenar el cerebro. Una foto en su retina calcula la última vez que disfruto del sexo y las cruces en el almanaque las fechas en que amó. Se deja arrastrar al fango de los que pretenden tan poco, de las poses de la madrugada, de los licores berretas y las discos.
Cuántas veces me quisieron colgar esas medallas de estaño que ella luce con tanto orgullo.
Las mascaritas le sonríen muecas falsas. Un pulgarcito envuelto en sedas de vanidad la engalana de la peor manera y tanta pendejada la confunde y arranca. Todos son trofeos, nadie se disfruta. La ansiedad los come. Nadie los preparó para otra cosa y huyen, no saben qué hacer con tanto.
Ahí está, tan infelizmente célebre, tan jovialmente entretenida y tan ciega de las que no quieren ver. Pocas cosas más tristes que un payasito con el maquillaje vencido. Tan dueña de ese circo que apesta putrefacto en el vacío. No hay virilidad que le dore esa píldora. Es un objeto de colección y no pretende más. Nadie la ve, ni sabe de ella. Perro vencido, me dejé exhibir. De errores se edifican las horas.
Yo estoy en paz con vos. Hoy le llevé flores a mi último recuerdo. Sos mi último cariño. Buena suerte y hasta luego.
El papel picado se mojó. Fin del juego. Volvé. 



viernes, 27 de enero de 2012

Los buenos tiempos

Seis veces apagué el despertador este día cualquiera a esta hora mas. Cada vez que levanto me entra esa nostalgia de mierda que no soporto, que no me impulsa a nada. Así, a cara de perro, le entro al café, al mate, a lo que sea que haya sobrado. Solíamos ser felices, yo me acuerdo. Me acuerdo de las tardes, de las charlas, de los amigos. Todo parecía eterno. Las primeras músicas, los primero sexos, los primeros excesos, los días, las tardes, las horas. Las terrazas que usurpábamos con Chuza para ver el cielo y solucionar el mundo en dos sorbos. La sala que armamos en el altillo del Cani. Los dieciséis en la esquina de donde nos echaba la cana, como olvidar que eramos dieciséis si nos dividíamos la cerveza. Tanta gente, tantas calles, tanto barrio. No pienso en los mates de Majo. No pienso en las tetas de Lucía ni en la débil perfección de Pamela, no. Es mas bien una sensación, un vacío. Lo es todo y nada en particular. Cada vez, cada sábado, cada domingo, es mas pronunciado. Se acercan los treinta veranos, quizás sea eso. No lo sé. Pero Santos Lugares sos una sensación horrible al despertar.


viernes, 30 de diciembre de 2011

Lo que puede


Olvidé mi genialidad a la vuelta del coma profundo de un deber ser que nunca busqué pero al que me dejé arrastrar. Batallé, me negué, hice lo que pude. Pero acá estoy: reencarnando, otra vez, una vez más. Reinventándome otra vida para mí. Perdido por primera vez sin rumbo definido. Con una claridad turbia, contaminada por tantos tiempos, malos tiempos. Y crecen los días, las vidas, las deudas, los excesos, las nadas. Y me prometo escribir más, leer, escuchar. Le miento a mi guitarra también: algún día le pondré la cuerda que le falta, terminaré esas canciones.

Y a mi salud.

Y voy buscando el ruido, las gentes, las caras. Y voy huyendo de mí, de la soledad, del silencio, de los ecos, del cansancio. Y extraño aburrirme también, aunque no fuera mi yo más genuino. Puta, si lo extraño a veces. Los mates, el barrio, la poca gente, las responsabilidades, los horarios, la simpleza.

Simpleza.

Siempre fui estricto con mi simpleza. El todo de los detalles, de las pequeñas cotidianeidades. Pero ahora y, desde hace tiempo, veo pasar las luces, los trofeos, los flashes, el papel picado, los maquillajes. Me tientan pero nada. Nada bueno sale de mí. No así al menos. Los sobrevivo a diario. Camino forzado, pie de plomo. Me refugio de a ratos, catártico, en las buenas gentes para huir. Sobrevivido. Cambié porque uno es todo en su contexto. Pero trascender es un abismo. Los deshonro, seguramente. Perdón, otra vez.


Y la música que le puso Pablo a No Te Salves de Benedetti, sin saber que ese es mi poema preferido. Leyéndo mis silencios, como amigo, como hermano, hoy la recordé. Hoy me fui silbandola por los bares de Caseros, no recuerdo bien la letra, nunca recuerdo nada. Me fui con los amigos, con los nuevos y los viejos amigos. Mi memoria falla pero espero salir de este laberinto sin trampearlo, sin lastimar a nadie, sin listas de espera.
Son las cinco de la mañana, el puto pájaro que no tiene vida. Me prometo dormir, le miento a la almohada una vez mas.
Hay muchos sueños que descansar.


jueves, 29 de diciembre de 2011

Bienvenidos

Hace tiempo vengo coqueteando con la idea de abrir un blog. Varias son las personas que me alentaron a hacerlo. A muchas de ellas les agradeceré o insultaré en persona (si, soy exitista) No sé bien que voy a escribir, decir o hacer en él aun. Supongo que tomará forma con el pasar del tiempo. Veremos.